El ‘Pearl Harbor’ español
Escrito por unpokitodxfavor en arqueologia, tags: fragata, galeon, odyssey
La batalla legal que el Estado español mantiene contra la empresa Odyssey ha alcanzado dimensiones épicas, una vez que España considera demostrado -la otra parte lo pone en duda- que el buque del que procede el tesoro extraído por la compañía estadounidense de aguas del Atlántico en mayo de 2007 no sólo es español, sino que se trata de la fragata Nuestra Señora de la Mercedes, hundida hace 200 años en un ataque sorpresa de la flota británica.
La historia de este barco está contada con todo detalle en el documento presentado por el abogado representante del Estado español en el juicio que se sigue en Tampa (Florida), James Goold, quien en declaraciones recientes ha llegado a comparar el incidente que llevó a pique a La Mercedes en 1804 con el ataque japonés contra Pearl Harbor en 1941, que supuso la entrada de EEUU en la Segunda Guerra Mundial. El hundimiento del barco español recuerda a aquel día de la infamia -según lo bautizaron los estadounidenses-, con el añadido de que, dos siglos después, el pecio de La Mercedes, tumba de más de 200 marineros, ha sido desvalijado en el fondo del mar.
En su búsqueda en la zona donde se hundió La Mercedes, Odyssey se hizo con un botín de 500.000 monedas de oro y plata, un tesoro de 17 toneladas valorado en 500 millones de dólares (324 millones de euros). Entre las piezas figuran reales de a ocho y escudos, todas ellas acuñadas en Lima en la época de Carlos IV.
La alianza a principios del siglo XIX de la España en decadencia de Carlos IV con el pujante imperio napoleónico, enfrentado a Gran Bretaña, fue el contexto de la tragedia de La Mercedes. La Armada británica tenía orden de apresar a los barcos españoles provenientes de América, pese a no estar oficialmente en guerra con España -regía la paz en virtud del Tratado de Amiens de 1802-. Pero en enero de 1804, Londres advirtió a Carlos IV de que si no suspendía el Tratado de Subsidios, firmado un año antes y por el que España se comprometía con Francia, su inmersión en la inminente guerra sería inevitable.
En noviembre de 1802, el Rey Carlos IV ordenó el envío al puerto de El Callao, en Lima, de dos fragatas de guerra con la misión de traer a España «los caudales y efectos de la real Hacienda que hubiese prontos en aquella América», según consta en una orden remitida por el Ministerio de la Marina al capitán general del Departamento Naval, documento incluido en el escrito presentado al juez de Tampa por James Goold.
Según relata el escrito del representante legal español, La Mercedes viajó a El Callao y, en abril de 1804, partió rumbo a Montevideo, donde formó una escuadra junto con otras tres fragatas de guerra españolas: La Clara, La Fama, y La Medea. La flota zarpó de la capital uruguaya con destino a Cádiz en agosto de 1804. El almirante José de Bustamante ostentaba el mando del grupo.
Cuando la flota española se encontraba a menos de un día de Cádiz, en la mañana del 5 de octubre de 1804, fue interceptada frente a la costa portuguesa del Algarve por una escuadra británica compuesta también por cuatro naves y dirigida por el comandante Graham Moore. El almirante Bustamante se negó a someterse a las órdenes británicas, ordenó zafarrancho de combate y se desencadenó la que pasó a la historia con el nombre de la batalla del Cabo de Santa María.
Ambas flotas contaban con una tripulación similar -cerca de 1.000 hombres cada una-, pero la fuerza armamentística del bando británico superaba en número y calidad a la española. A los pocos minutos de comenzar las hostilidades La Mercedes fue alcanzada de lleno por un cañonazo y quedó partida en dos a causa de la explosión. Envuelta en llamas se fue a pique, con su tesoro de monedas de oro y plata procedente de América. Las otras tres naves españolas fueron apresadas y llevadas a puertos británicos.
El balance de víctimas para España fue trágico. Más de 200 españoles murieron en la batalla, mientras que por el bando británico tan sólo se contabilizaron dos fallecidos.
El ataque por sorpresa a su flota fue considerado un ultraje por España, que según se explica en la alegación de James Goold al juez de Tampa, «le declaró la guerra a Gran Bretaña y entró nuevamente en las Guerras Napoleónicas». Un año después de aquel Pearl Harbor español, el poderío naval de la otrora Armada Invencible pasó finalmente a la Historia en el epílogo de Trafalgar.
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