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Hanny van Arkel, una profesora holandesa de 25 años, descubrió un nuevo tipo de cuerpo celeste después de involucrarse en un proyecto que permitía a voluntarios acercarse al mundo de la astronomía a través de internet.

Residente en Heerlen (Maastricht), aseguró que no tiene experiencia previa en astronomía, según informa BBC. Todo comenzó tras leer el libro del guitarrista del grupo Queen, Brian May, titulado La historia completa del universo. A raíz de su lectura, participó en un proyecto en el que asistían más de 150.000 astrónomos aficionados.

De esta manera, descubrió un “objeto gaseoso con una abertura en el medio”, conocido como “fantasma cósmico”, y, gracias a que Van Arkel no acertaba a clasificar el objeto a ningún tipo de galaxias conocida, realizó una consulta al equipo organizador, quienes observaron que se trataba de un tipo “único”. Este descubrimiento ya ha pasado a ser conocido como Hanny’s voorwerp -”objeto”, en holandés-.


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Los fotones son, hasta ahora, los únicos mensajeros a los que se puede preguntar cómo es el Universo. Ellos transmiten los rayos X que detectan telescopios como Xmm-Newton, los gamma que recogerá el recién lanzado GLAST o la luz visible que detecta el Hubble. Sin embargo, dentro de unos diez años, la humanidad ganará un sentido y podrá contar con un nuevo informador: las ondas gravitacionales. Estas ligeras ondulaciones en el tejido espacio-tiempo (del que está hecho el cosmos) son provocadas por el movimiento de objetos muy masivos como los agujeros negros. Para detectarlas –aún no se han observado de forma directa–, en una misión conjunta de ESA y NASA, se lanzará hacia 2018 un grupo de tres satélites conocido como LISA (Laser Interferometer Space Antenna).

Desde el lunes pasado, con motivo del séptimo LISA Symposium, están reunidos en Barcelona más de 200 expertos de todo el mundo en ondas gravitacionales. Allí se ha hablado de algunas de las posibilidades que abrirá LISA para el estudio del cosmos.

Energía oscura
Una de ellas fue la planteada por el profesor del Instituto Albert Einstein en Potsdam (Alemania) Bernard Schutz. Según el investigador, el nuevo telescopio permitirá entender el problema de la energía oscura y comenzar a explicar porqué el Universo se expande a una velocidad cada vez mayor. “Para estudiar la energía oscura tienes que medir dos cosas: la distancia hasta una galaxia o cualquier objeto muy distante y su velocidad”, indica. Entre estas dos características, la más complicada de conocer es la distancia.

Para resolver el problema, los astrónomos deben comparar los resultados obtenidos por distintos métodos, y han construido una escalera de distancias cósmicas. Así se calculan progresivamente las distancias de objetos más cercanos, primero, para llegar finalmente a los más alejados. “Hasta hace menos de 15 años no había un acuerdo entre los astrónomos sobre las distancias”, indica Schutz. De las ondas gravitacionales que detectará LISA, sin embargo, se podrá obtener de una forma directa y más sencilla la información sobre la distancia.

Agujeros negros
El objetivo estrella del observatorio de ondas gravitacionales serán los sistemas binarios en los que conviven dos agujeros negros supermasivos. Estos objetos monstruosos, con millones de veces la masa del Sol, producen una inmensa cantidad de ondas gravitacionales mientras se acercan entre sí en una espiral que acabará con su fusión. Las observaciones de LISA permitirán conocer de una manera muy precisa la dinámica de estos sistemas sobre los que, debido a su capacidad para engullir la información electromagnética que necesitan los telescopios en funcionamiento, queda mucho por saber.

Schulz señaló también la posibilidad de observar los primeros instantes del cosmos. “El Universo comenzó con un gran estallido que con seguridad produjo una gran cantidad de ondas gravitatorias. Si tienen la fuerza suficiente serán una gran fuente de información sobre aquella primera fracción de segundo”, dijo.

Otra de las ventanas que se puede abrir con el lanzamiento de LISA es la que permitiría observar el interior de objetos como las supernovas o algunas áreas muy densas de las galaxias, lugares de los que es difícil obtener información con el estudio de las ondas electromagnéticas. El motivo es que, como explica el profesor del CSIC en el Instituto de Ciencias del Espacio Alberto Lobo, “la radiación gravitatoria no se amortigua fácilmente y casi todos los cuerpos son muy transparentes a ella”.

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La Vía Láctea tiene dos brazos de estrellas, no cuatro como hasta ahora creían los astrofísicos.

Un descubrimiento que ha sido posible gracias al telescopio de infrarrojos Spitzer, puesto en órbita por la NASA en 2003.

La teoría de los cuatros brazos de la galaxia, que se intuía equivocada, había sido imposible de confirmar hasta ahora debido a que la Tierra se encuentra dentro de la misma.

Sin embargo, el estudio concienzudo de 800.000 imágenes enviadas por el telescopio espacial han permitido elaborar una nueva hipótesis.

Según Robert Benjamin, astrónomo de la Universidad de Wisconsin, sólo existen dos apéndices con gran densidad de estrellas jóvenes, Scutum-Centauro y Perseo, mientras que los otros dos, Sagitario y Norma, están compuestos de gases y pequeñas zonas de formación estelar.


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