El triste 50º aniversario de la NASA

«La idea de volver a la Luna y viajar a Marte me parece estupenda, pero sólo hay un pequeño problema: el dinero que necesitamos para lograrlo no ha llegado». Las palabras del mítico astronauta John Glenn, el primer estadounidense que realizó una órbita alrededor de la Tierra, reflejan el ambiente que se respira estos días en la NASA, justamente cuando se cumplen 50 años desde el nacimiento de la agencia espacial norteamericana el 1 de octubre de 1958.

El pasado miércoles, Glenn participó en una gala celebrada en el Museo Smithsonian de Virginia con motivo de estas bodas de oro, y no tuvo pelos en la lengua a la hora de denunciar que los recortes de presupuesto que ha padecido la NASA en los últimos años suponen un grave riesgo para su futuro.

El histórico astronauta advirtió que la viabilidad del gran proyecto que presentó el presidente Bush en 2004 para establecer bases lunares y desde allí viajar al planeta rojo está seriamente amenazada. De hecho, Glenn llegó a lamentarse de que los 100.000 millones de dólares que ya se han gastado en el desarrollo de la Estación Espacial Internacional (ISS) podrían suponer un gasto absurdo, teniendo en cuenta que ahora «no tenemos suficiente dinero» para realizar las investigaciones que estaban previstas en el laboratorio espacial.

El 50º cumpleaños del programa espacial estadounidense ha coincidido además con el primer paseo espacial realizado por un ‘taikonauta’, una nueva proeza que refleja las ambiciones cósmicas de China. Muy lejos quedan ya los tiempos en los que Mao se quejaba en 1957 de que sus compatriotas no eran capaces de poner en órbita «ni una patata».

China ha anunciado su intención de plantar su propia bandera en la Luna y establecer bases en el satélite terrestre, inaugurando así una nueva carrera espacial en la que no está claro si EEUU será capaz de mantener su posición de liderazgo frente al desafío emergente del gigante asiático.

La NASA, por lo tanto, cumple hoy medio siglo de vida en un momento en el que sin duda puede sentir un orgullo legítimo por las grandes conquistas logradas a lo largo de las últimas cinco décadas en la conquista del espacio, pero también una comprensible preocupación ante un futuro repleto de incertidumbres.
El drama de los accidentes

El propio director general de la NASA, Michael Griffin, reconocía en la gala celebrada en Virginia que a pesar de los éxitos logrados durante los últimos 50 años, no se ha conseguido ni de lejos lo que muchos hubieran deseado: «Al cumplir nuestro 50º aniversario, no podemos celebrar a la vez el 20º aniversario de la llegada de un astronauta estadounidense a Marte, pero podíamos haberlo hecho».

De esta manera, Griffin reconocía implícitamente que tras los días gloriosos del programa ‘Apollo’, la NASA gradualmente perdió el empuje que sin duda le había dado su rivalidad con la Unión Soviética en los tiempos de la Guerra Fría. En vez de proseguir la conquista del cosmos y concentrarse en intentar pisar el planeta rojo, desvió su atención a misiones de baja órbita con los transbordadores. De hecho, en una entrevista con ‘The New York Times’, Griffin ha llegado a reconocer que «los 30 años que nos hemos pasado orbitando alrededor de la Tierra han sido un error».

Inicialmente, cuando comenzó el programa del ‘space shuttle’ en 1981, se preveía que cada transbordador tendría una vida útil de 100 lanzamientos, lo que supondría un total de 500 misiones con las cinco naves. La realidad, sin embargo, es que para cuando estos vehículos se jubilen definitivamente en 2010, no sobrepasarán 136 lanzamientos en toda su trayectoria, marcada trágicamente por las dos catástrofes del ‘Challenger’ (1986) y el ‘Columbia’ (2003), en las que murieron un total de 14 astronautas.

La gran esperanza de la NASA está puesta ahora en el desarrollo de la futura cápsula ‘Orion’, con un diseño similar a las ‘Apollo’. En principio, esta nave debería estar lista para despegar en 2014, y con ella se pretende volver a la Luna, como paso previo a pisar territorio marciano. Todo esto, sin embargo, dependerá de que la apuesta económica de EEUU en el terreno espacial sea lo suficientemente potente como para evitar que esta vez sean otros los que lleguen antes.